La manifestación de Cristo a los gentiles, usualmente llamada la Epifanía Este mensaje de Epifanía, escrito por el Obispo Asistente William O. Gregg, apareció en forma bilingüe en el número de enero de 2009 del periódico diocesano “The Disciple” (página D-3). Este es el nombre oficial y esencialmente anglicano de la Fiesta del 6 de enero que apareció en El Libro de Oración Común hasta 1979. El título define “epifanía” para nosotros y nos dice a quienes esta manifestación se les dio. Hasta hace relativamente poco en la historia de la iglesia, la Fiesta de la Epifanía era la fiesta más asociada con el nacimiento de Jesús, no la Navidad como lo conocemos hoy en día. A lo largo del tiempo, llega a ser el día usado para determinar “los doce días de la Navidad”. Entre nuestros hermanos y hermanas ortodoxos, la Epifanía queda siendo la fiesta de enfoque, suplantando la Navidad. Pero, volviendo al nombre del día. Nos da una pausa para reflexionar sobre cosas numerosas en esta época. Epifanía tiene que ver con la revelación más completa e íntima de quien es Dios. Epifanía igualmente tiene que ver con la luz que brilla en la oscuridad y nos muestra Dios, efectivamente como Dios-con-nosotros y Dios-por-nosotros; y sobre la revelación de quienes somos tú y yo, lo que significa ser humano, ser la imagen y semejanza de Dios. Como tal, Epifanía nos revela a nosotros la dirección y propósito de nuestra existencia en el mundo. Epifanía también revela un aspecto esencial del orden de toda la creación: nos muestra a nosotros la sacramentalidad de nosotros mismos y el mundo en el sacramento primordial de la Encarnación. En la Encarnación, Dios nos demuestra su misericordia por nosotros y toda su creación, Dios nos muestra que toda la creación es capaz de ser un medio o instrumento de su presencia verdadera y su actividad dentro de la creación. Esta época de Epifanía, entonces, no es simplemente “tiempo ordinario” en nuestro año litúrgico. Es en verdad “tiempo extraordinario” en el cual Dios nos invita a considerar, reflexionar, y renovar lo que significa para nosotros, basados en la sacramentalidad del orden de la creación, ser instrumentos vivientes, continuos de le epifanía de Dios en Jesús por el Espíritu. La parte sobre “a los gentiles” nos recuerda del descubrimiento primario cristiano de y de vivir en la universalidad del trabajo de Dios en Jesús – trabajo de revelación, trabajo de amor, trabajo de redención, renovación, y esperanza. Participar en la epifanía de Dios es participar en la vida del Padre dentro del Hijo en el Espíritu – en todo el mundo. No hay ningún lugar, ningún pueblo, ninguna condición o circunstancia donde no hay Dios. Dondequiera tú o yo estemos cada día, precisamente allí es donde hay la posibilidad de la Epifanía. En este sentido, esta época extraordinaria nos llama a ti y a mí a una mayor concientización y habilidad de responder de la importancia de nuestro Pacto Bautismal para “continuar en la enseñanza y comunión de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones”, y “buscar y servir a Cristo en todas las personas”. En esta concientización, estamos invitados a abrirnos a nosotros mismos al Espíritu que podrá animarnos para ser la epifanía que Dios nos llama a ser y que nos equipa a ser en nuestro trabajo y nuestro juego, con colegas, familia, amigos, y extranjeros, dondequiera que estemos. La Fiesta de la Epifanía es una gran fiesta de revelación: revelación de Dios en Jesús, revelación de nuestra propia sacramentalidad y la sacramentalidad del mundo, revelación del propósito y sentido – de ser por y con unos y otros como Dios en Cristo es por y con nosotros – en nuestro amor y servicio a través de la cual vivimos en los votos de nuestro Pacto Bautismal. La ironía es que, para toda su calidad extraordinaria, al fin, la Epifanía y esta época son profundamente, maravillosamente, poderosamente ordinarias. ¿Cómo creceremos juntos como el pueblo de la Epifanía de Dios en esta época? |
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